Hay pacientes que llegan a consulta pensando que tienen simplemente “los dientes separados al cerrar”.
Otros no lo perciben como un problema porque se han acostumbrado a su forma de morder desde pequeños.
Y algunos solo lo descubren cuando, al sonreír o cerrar la boca, notan que los dientes delanteros no llegan a contactar.
Eso puede ser una mordida abierta.
Y aunque muchas veces se interpreta como una cuestión estética, en realidad puede afectar a la forma de masticar, hablar, tragar y mantener la estabilidad de la boca a largo plazo.
Qué es una mordida abierta
Hablamos de mordida abierta cuando, al cerrar la boca, algunos dientes no llegan a tocarse entre sí.
Lo más habitual es que ocurra en la zona anterior, cuando los incisivos superiores e inferiores no contactan. Pero también puede aparecer en zonas laterales o posteriores.
El problema no es solo que quede un espacio visible.
El problema es que la boca deja de repartir correctamente las fuerzas.
Cuando algunos dientes no contactan, otros tienen que trabajar más. Y con el tiempo eso puede generar compensaciones, desgaste o inestabilidad.
Por qué aparece una mordida abierta
La mordida abierta puede tener diferentes orígenes.
En algunos pacientes está relacionada con hábitos infantiles mantenidos durante demasiado tiempo, como el uso prolongado del chupete, la succión digital o ciertas formas de deglución.
En otros casos interviene la posición de la lengua, la respiración oral, el crecimiento de los maxilares o alteraciones funcionales que han condicionado el desarrollo de la boca.
También puede aparecer o agravarse con el tiempo si existe una falta de equilibrio entre dientes, músculos y función.
Por eso, para tratarla correctamente, no basta con mirar la posición de los dientes. Hay que entender qué la está provocando.
La lengua tiene mucho más peso del que parece
Uno de los factores más importantes en muchas mordidas abiertas es la posición de la lengua.
La lengua ejerce presión sobre los dientes miles de veces al día al hablar, tragar y descansar.
Si esa presión se dirige hacia delante o se interpone entre los dientes, puede impedir que las piezas contacten correctamente o favorecer que vuelvan a separarse después de un tratamiento.
Por eso, en ciertos casos, la estabilidad no depende solo de alinear dientes, sino de corregir la función que está empujándolos fuera de su posición.
Cómo puede afectar al día a día
Una mordida abierta puede influir en aspectos que muchas personas no relacionan con la ortodoncia.
Puede dificultar cortar alimentos con los dientes delanteros, alterar ciertos sonidos al hablar, generar sobrecarga en piezas posteriores o provocar que la masticación sea menos eficiente.
También puede afectar a la estética de la sonrisa y al cierre labial, especialmente cuando existe una alteración funcional asociada.
El paciente no siempre lo vive como un problema porque se ha adaptado durante años, pero la boca puede estar funcionando con compensaciones.
Por qué no conviene tratarla solo como estética
Uno de los errores más frecuentes es pensar que una mordida abierta se corrige simplemente “cerrando el espacio”.
Pero si no se estudia la causa, el resultado puede no ser estable.
Si la lengua sigue empujando, si existe respiración oral o si la función muscular no acompaña, los dientes pueden tender a volver a abrirse con el tiempo.
Por eso, en ortodoncia, la pregunta no es solo cómo cerramos la mordida.
La pregunta importante es cómo conseguimos que ese cierre se mantenga.
El diagnóstico marca la diferencia
El estudio de una mordida abierta debe valorar mucho más que la posición dental.
Es importante analizar la mordida, el crecimiento facial, la función lingual, la respiración, los hábitos, la musculatura y la estabilidad esperada del tratamiento.
Solo así puede planificarse una solución con sentido clínico.
En algunos casos el abordaje será principalmente ortodóncico. En otros puede ser necesario trabajar también la función o coordinar el tratamiento con otros profesionales.
Mordida abierta en adultos
En adultos, la mordida abierta requiere una planificación especialmente cuidadosa.
Como el crecimiento ya ha finalizado, es fundamental valorar si el problema es principalmente dental, funcional o esquelético.
No todos los casos se tratan igual.
Algunos pueden corregirse con ortodoncia. Otros requieren enfoques más complejos. Y en todos ellos la estabilidad posterior será una parte clave del tratamiento.
Cuándo conviene valorarla
Conviene realizar una valoración si al cerrar la boca notas que los dientes delanteros no contactan, si te cuesta cortar alimentos, si la lengua se coloca entre los dientes o si sientes que tu mordida no encaja de forma estable.
También es recomendable revisarla si ya llevaste ortodoncia y notas que la mordida vuelve a abrirse.
Mordida abierta: cerrar dientes no es lo mismo que corregir una función
La mordida abierta no debería entenderse solo como un espacio entre dientes.
Es una alteración que puede estar relacionada con la forma en que la boca respira, traga, habla, mastica y se estabiliza.
En Clínica Dental Altozano estudiamos este tipo de casos desde una visión funcional y personalizada para entender no solo cómo corregir la mordida, sino cómo ayudar a que el resultado sea estable en el tiempo.



